Por fin llegó el momento del viaje en bicicleta. Antes de nada, me fui, otra vez, al JoMa a desayunar. Lujo asiático como mandan los cánones occidentales.
Antes de partir de Vientiane estuve hablando con uno de los recepcionistas del hotel. No entendían que quisiera ir en bicicleta a Luang Prabang. Les parecía cosa de locos. En general los laosianos creen que los falang, los guiris, estamos tarados. No les falta razón, al menos en mi caso.
Orientarse en el sistema de carreteras laosiano no es complicado, las rutas principales son unas pocas en todo el país y están repletas de mojones cada kilómetro indicando el número de referencia de la carretera. En ese sentido, salir de la capital resultó muy simple. Una vez alcanzada la carretera número 13, un par de calles más allá de mi hotel, me llevaría hasta Luang Prabang.
Eso sí, el tráfico era denso y el sirimiri, además de la lluvia de días anteriores, formó numerosos charcos en la carretera. En estado de las carreteras en Laos es variable. Simplificando mucho la cosa, podría decirse que al norte de Vientiane las carreteras están en peores condiciones que hacia el sur. El norte es más montañoso y hay más desprendimientos.
Por lo demás la primera etapa no se presentaba complicada. Iba rodando suave suave parando de vez en cuando para sacar alguna foto, mirar el paisaje o comer los pastelitos que compré antes de salir.
Mi meta estaba a 70 kilómetros de Vientiane. Un pueblo llamado Phon Hon. Pero da la casualidad de que en Laos un pueblo tiene un nombre en el mapa y a veces en el cartel de entrada aparece otro. Mis únicas referencias para este día eran el GPS, que me chivaba la distancia que recorría y que Phon Hon está en el cruce de la ruta 13 y la 8.
El pueblo no tenía nada. Me di un par de vueltas con la bici y terminé en un… no sé cómo llamarlo… ¿hostal? Os aseguro que las fotos no le hacen justicia, en verdad que el sitio era peor de lo que parece. Pero por cuatro euros, no estaba mal.
Los baños laosianos son divertidos. El teléfono de la ducha que veis ahí resulta muy funcional. Lo mismo te sirve para ducharte, que para limpiarte tus partes íntimas (a, ¿que no sabes que en Asia no utilizan papel higiénico?) o para alejar a las cucarachas.
Ese día no comí. Llegué hacia las 16:00 y como anochece pronto, sobre las 18:00 si no me equivoco, me fui a cenar hacia la zona del pueblo donde parecía haber algo de vida. Después de un intento fallido en una caseta con mesas, sillas, laosianos y hierba hervida, terminé en un restaurante donde encontré a la única persona de los alrededores que sabía inglés.
Durante el regreso hacia mi alojamiento los lugareños me seguían mirando con curiosidad. No hay muchos falang que se paren aquí. ¿Qué habrían pensado de mi? además de que debo estar como una cabra.




