Día de descanso, de aclimatación. El día anterior quedé en hacer de guía a una pareja de ingleses. Les convencí para alquilar unas bicis ya que es la mejor manera de conocer Vientiane. Se trata de un lugar tranquilo, especialmente si lo comparamos con cualquiera de las ciudades de los países limítrofes (Bangkok, Ho Chi Min, Hanoi, Seam Reap, etc.). Pero en lugar de bicicletas tuvimos que conseguir unos paraguas debido al constante sirimiri, y caminar por la ciudad.
Después de comprar los paraguas nos dirigimos hacia los Campos Eliseos de Laos. No, no es broma.
Y, ¿qué creeis que encontraremos en el lugar central de estos Champs Elysees? ¡Efectivamente, un arco del triunfo!
El edificio es de hormigón y no está muy bien conservado. Pero es un lugar curioso. Encontrarás tiendas con souvenirs, grietas y goteras, y una de las mejores vistas de la ciudad; especialmente para ver el pedazo de edificio del partido comunista laosiano.
De allí fuimos a comer y después hacia la zona del río Mekong. Este río tiene un tamaño de unos 5 ó 6 Nerviones. ¿Por qué lo digo? Una vez estábamos en un barco del río Chao Phraya de Bangkok y escuchamos “pues no es mucho más grande que el Nervión”. Casi nos meamos de la risa.
Agosto es época de lluvias en el sureste asiático. Y en esas vimos cómo se aproximaba el monzón. De pronto aparece una nube oscura y se levanta mucho viento.
Si ves algo así, será mejor que encuentres un lugar donde cobijarte. No como el japonés de la imagen. El pobre se metió debajo de un toldo. Al principio parecía una buena idea, pero poco a poco el agua comenzó a rodearle hasta mojarlo de arriba abajo. Me imagino que su orgullo le impedía salir corriendo de allí, mantenía la compostura, pero la camiseta blanca ya parecía transparente de lo mojada que estaba.
Estas lluvias me iban a acompañar durante unos cuantos días, aunque yo no lo sabía todavía. Es posible que el monzón traiga lluvia de solo 15 minutos. O puede que no pare durante varias horas, incluso días. Me fui a la cama mirando al cielo, con la esperanza de pedalear tranquilo el día siguiente.





