Los trenes tailandeses son cómodos y es fácil dormir en ellos. Eso sí, es conveniente llevar una sábana-saco donde dormir, y no fijarse demasiado en los recovecos cercanos, ojos que no ven…
Llegué a Nong Khai a primera hora de la mañana. Desde la estación tren a la frontera apenas hay un par de kilómetros. En la cola para salir de Tailandia un tío de Singapur me empezó a hablar sobre el estado de la economía española. “Os gastáis más dinero del que tenéis”. Enfadarme no estaba entre mis planes para empezar esta aventura. Con el ánimo de cambiar de tema le pregunté por la economía en Laos; me remató con un “muy fuerte, el Gobierno de Laos lo está haciendo muy bien”. Le di esquinazo en cuanto pude.
El río Mekong separa a Tailandia y Laos durante miles de kilómetros. Unos pocos puentes hacen competencia a los ferrys. Para cruzar de Nong Khai a Laos hay que atravesar el Friendship Bridge. En teoría circular andando o en bicicleta está prohibido, pero a los policías thai no pareció importarles cuando lo atravesé.
Al llegar al lado laosiano comienza la aventura de conseguir el visado. Primero hay que hacer cola para coger un formulario, después lo rellenas y esperas otra cola para entregarlo, junto a una fotografía de carnet y al importe de tu visado. A la mayoría de los europeos nos corresponde pagar 35 dolares. Es importante llevar dolares. Los euros solo sirven para pagar un tipo de cambio exorbitante. Se me quedó cara de idiota cuando el policía me dijo que eran 40 euros; es decir, pagué 15 dolares más de los que me correspondía. Tal vez, en tu casa, o en el trabajo, pienses que soy tonto. La última vez que chillé a un policía fronterizo laosiano solo sirvió para que se riera de mi.
Este trámite absurdo requiere de una hora, o algo más. Por suerte coincidí con una pareja de mochileros ingleses muy majos. Comenzamos a hablar por la bici, algo que después se convertiría habitual. Les hablé de mis planes y de Vientiane, les recomendé una cafetería llamada JoMa café.
Vientiane está a unos 25 kilómetros de la frontera; la carretera es ancha y está en buenas condiciones. Hubiera sido un buen entrenamiento si no estuviera lloviendo a cantaros. Me sirvió para testear lo impermeables que podían ser mis mochilas. También para probar los frenos de la bici, los laosianos tampoco respetan las normales internacionales del buen conductor que respeta a los ciclistas.
Tenía un par de referencias sobre dónde dormir, un par de sitios donde estuvimos el año anterior. Todo el agua y tierra que llevé conmigo me convenció para ir al hotel más caro, el Vayakorn Guesthouse, en el centro de la ciudad. 140.000 kips parecen ser muchos kips, pero son apenas 14 euros, y un hotel limpio, con su ducha y cama agradables, bien merecen la pena para empezar bien el viaje.

Después de avisar a la familia que estaba vivo (en todos los miles de kips que pagué también estaba incluido el wifi), me dirigí al JOMA café. Se trata de un lugar para guiris que desea huir de Laos durante un rato, algo parecido a Starbucks, pero en más cool, trendy o lo que sea. El café está bueno y sirven buena comida. Eso sí, no creo que muchos lugareños puedan permitírselo.
Al entrar en el JoMa me encontré con el inglés de la frontera. Nos tiramos un par de horas hablando. Un tío simpático. Inglés de familia francesa, trabajando en los Dubai y saliendo con una inglesa de familia griega. Me ofrecí para hacerles de guía el día siguiente.
Después me fui a pasear por la orilla del Mekong. La zona ha cambiado mucho en un año; han construido un paseo, jardines y parques infantiles. El dinero chino ayuda a que Laos haga obras de todo tipo. Laos está cambiando rápido, ¡es mejor no esperar demasiado para visitarlo!


