Vang Vieng – Luang Prabang, haciendo trampa

Como os conté, la llegada a Vang Vieng fue terrible. Me tumbé en la cama y no me pude levantar durante más de una hora. En ese estado no podía hacer los 240 kilómetros montañosos hasta Luang Prabang en dos días. Cuando conseguí levantarme de la cama le pregunté al jefe del hotel si podía llevar la bicicleta en el autobús. Tras varias llamadas no supo darme una respuesta y me dijo que preguntará de nuevo a la mañana siguiente, a las 8:15. Y ahí estaba yo, sin tener claro qué iba a hacer el día siguiente.

A la hora acordada del día siguiente me acerqué a la recepción. El chico me dijo que no podía llevar la bicicleta, pero que tenía un lugar donde guardarla hasta que volviera, “I have safety” decía. Si accedía me pasarían a recoger en medía hora.

Hice la mochila a toda prisa, sin doblar nada, a presión. El recepcionista me llevó a donde iba a dejar la bici; se me vino el mundo encima, se trataba del balcón de la planta inferior del edificio anexo, junto a la calle. La dejé atada con el candado, con pocas esperanzas de volver a encontrarla a mi regreso.

La furgoneta estaba llena por unos 9-10 turistas. Varios británicos, asiáticos y dos hermanas gaditanas muy saladas. Llevaban casi un mes viajando por su cuenta por Vietnam, Camboya y Laos, sin apenas hablar inglés. Me alegraron las casi siete horas de trayecto hasta Luang Prabang.

La anecdota del trayecto la puso uno de los ingleses. De pronto se despertó de su resaca, para darse cuenta que había olvidado el pasaporte en Vang Vieng. Y tenía que coger un vuelo el día siguiente. Su cara pasó del blanco-resacoso al blanco-pálido. Entre varios le ayudamos a recordar el nombre del alojamiento y consiguió que le enviarán en la siguiente furgoneta el pasaporte, por 10 dolares claro, que no están los lugareños para favores gratuitos.

El viaje hasta Luang Prabang se hace cansino. Gran parte de los 240 kilómetros están llenos de agujeros y la furgoneta no para de saltar. Además, los laosianos conducen como kamikazes; los frenazos son frecuentes, y no se asustan por circular junto a precipicios de más de 500 metros. Aún así, el paisaje es espectacular. Si no estuviera tan cansado y débil me daría pena no haber hecho en bici el camino.

Al llegar a Luang Prabang me dirigí al hotelito en que había quedado con Eñaut y Miren. Ellos eran de llegar esa misma tarde, después de descender durante varios días por el Mekong. Me esperaban días de descanso junto a los amigos. Recuperar fuerzas antes de que empezase la verdadera aventura.

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Phon Hon – Vang Vieng, comienza el calvario

Hay días que es mejor no levantarse. O se podría decir que hay días en que una bofetada nos baja de la nube en la que levitamos alegremente para que afrontemos la realidad como es, sin versiones edulcoradas.

El día anterior no comí demasiado, pero tenía confianzas en mis reservas corporales de fuerzas. Por si acaso compré un manojo de plátanos. Fue mi único desayuno. Pensé que no necesitaría nada más. La etapa del día se presentaba similar a la anterior, llana y con una distancia de 80 kilómetros. El tiempo también parecía que mejoraba y el sol me acompañó durante todo el día. Estaba convencido de que iba a ser un día tranquilo.

Pero pronto comprobé que mis recuerdos me fallaban. El camino era un sube-baja constante, intercalando pequeños repechos con subidas de varios kilómetros. Tuve que hacer varios descansos para poder continuar. Cada pocos kilómetros se pueden encontrar pequeños puestos donde venden fruta, galletas, agua y refrescos.

Este día me sirvió para descubrir que la crema solar de protección 50+ no es suficiente frente el sol laosiano. A pesar de que untaba de crema cada dos o tres horas, mis brazos empezaron a tomar un matiz cangrejo que me preocupé. Tanto es así que saqué de la mochila la única prenda que me podía proteger los brazos: el chubasquero. Y fue en este punto empezó mi declive. No sé si existirá alguna razón física que lo explique, si empecé a deshidratarme o qué, pero empecé a perder fuerzas rápidamente.

En lugar de parar para comer preferí seguir pedaleando y llegué a Vang Vieng sobre las 15:00 de la tarde. Llegué agotado, exhausto, con la sensación de que no podía subir a Luang Prabang en esas condiciones.

Me costó mucho levantarme de la cama del hotel para bajar al centro a comer. Visto lo visto, sabiendo que la verdadera montaña comenzaba en Vang Vieng y tenía dos días para hacer 230 kilómetros, comencé a pensar en la posibilidad de viajar en autobús hasta Luang Prabang.

Es increíble la diferencia que existe entre pedalear en casa, en condiciones a las que estamos acostumbrados, y hacerlo en un lugar como este en el que no estaba aclimatado ni a las condiciones climatológicas ni a la comida, sin olvidar que llevaba demasiado peso en las mochilas.

Este día sirvió para que me tomara más en serio el viaje y la aventura. Estaba allí para disfrutar, no para sufrir. A partir de entonces iba a obrar en consecuencia.

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Vientiane – Phon Hon, primer día en ruta

Por fin llegó el momento del viaje en bicicleta. Antes de nada, me fui, otra vez, al JoMa a desayunar. Lujo asiático como mandan los cánones occidentales.

Vientiane-ko gosaria

Antes de partir de Vientiane estuve hablando con uno de los recepcionistas del hotel. No entendían que quisiera ir en bicicleta a Luang Prabang. Les parecía cosa de locos. En general los laosianos creen que los falang, los guiris, estamos tarados. No les falta razón, al menos en mi caso.

Orientarse en el sistema de carreteras  laosiano no es complicado, las rutas principales son unas pocas en todo el país y están repletas de mojones cada kilómetro indicando el número de referencia de la carretera. En ese sentido, salir de la capital resultó muy simple. Una vez alcanzada la carretera número 13, un par de calles más allá de mi hotel, me llevaría hasta Luang Prabang.

Eso sí, el tráfico era denso y el sirimiri, además de la lluvia de días anteriores, formó numerosos charcos en la carretera. En estado de las carreteras en Laos es variable. Simplificando mucho la cosa, podría decirse que al norte de Vientiane las carreteras están en peores condiciones que hacia el sur. El norte es más montañoso y hay más desprendimientos.

Por lo demás la primera etapa no se presentaba complicada. Iba rodando suave suave parando de vez en cuando para sacar alguna foto, mirar el paisaje o comer los pastelitos que compré antes de salir.

Bizikleta eta errepidea

Mi meta estaba a 70 kilómetros de Vientiane. Un pueblo llamado Phon Hon. Pero da la casualidad de que en Laos un pueblo tiene un nombre en el mapa y a veces en el cartel de entrada aparece otro. Mis únicas referencias para este día eran el GPS, que me chivaba la distancia que recorría y que Phon Hon está en el cruce de la ruta 13 y la 8.

El pueblo no tenía nada. Me di un par de vueltas con la bici y terminé en un… no sé cómo llamarlo… ¿hostal? Os aseguro que las fotos no le hacen justicia, en verdad que el sitio era peor de lo que parece. Pero por cuatro euros, no estaba mal.

Ohea

Los baños laosianos son divertidos. El teléfono de la ducha que veis ahí resulta muy funcional. Lo mismo te sirve para ducharte, que para limpiarte tus partes íntimas (a, ¿que no sabes que en Asia no utilizan papel higiénico?) o para alejar a las cucarachas.

Laosen sarri-sarri aurkitzen den komuna (+ lababoa eta dutxa!)

Ese día no comí. Llegué hacia las 16:00 y como anochece pronto, sobre las 18:00 si no me equivoco, me fui a cenar hacia la zona del pueblo donde parecía haber algo de vida. Después de un intento fallido en una caseta con mesas, sillas, laosianos y hierba hervida, terminé en un restaurante donde encontré a la única persona de los alrededores que sabía inglés.

Durante el regreso hacia mi alojamiento los lugareños me seguían mirando con curiosidad. No hay muchos falang que se paren aquí. ¿Qué habrían pensado de mi? además de que debo estar como una cabra.

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Paseando por la capital de Laos, Vientiane

Día de descanso, de aclimatación. El día anterior quedé en hacer de guía a una pareja de ingleses. Les convencí para alquilar unas bicis ya que es la mejor manera de conocer Vientiane. Se trata de un lugar tranquilo, especialmente si lo comparamos con cualquiera de las ciudades de los países limítrofes (Bangkok, Ho Chi Min, Hanoi, Seam Reap, etc.). Pero en lugar de bicicletas tuvimos que conseguir unos paraguas debido al constante sirimiri, y caminar por la ciudad.

Después de comprar los paraguas nos dirigimos hacia los Campos Eliseos de Laos. No, no es broma.

Patuxai gainetik Laosko Champs Elysees-ak

Y, ¿qué creeis que encontraremos en el lugar central de estos Champs Elysees? ¡Efectivamente, un arco del triunfo!

Patuxai, garaipenaren arkua

El edificio es de hormigón y no está muy bien conservado. Pero es un lugar curioso. Encontrarás tiendas con souvenirs, grietas y goteras, y una de las mejores vistas de la ciudad; especialmente para ver el pedazo de edificio del partido comunista laosiano.

Patuxai ondoan

De allí fuimos a comer y después hacia la zona del río Mekong. Este río tiene un tamaño de unos 5 ó 6 Nerviones. ¿Por qué lo digo? Una vez estábamos en un barco del río Chao Phraya de Bangkok y escuchamos “pues no es mucho más grande que el Nervión”. Casi nos meamos de la risa.

Agosto es época de lluvias en el sureste asiático. Y en esas vimos cómo se aproximaba el monzón. De pronto aparece una nube oscura y se levanta mucho viento.

Badator Monzoia

Si ves algo así, será mejor que encuentres un lugar donde cobijarte. No como el japonés de la imagen. El pobre se metió debajo de un toldo. Al principio parecía una buena idea, pero poco a poco el agua comenzó a rodearle hasta mojarlo de arriba abajo. Me imagino que su orgullo le impedía salir corriendo de allí, mantenía la compostura, pero la camiseta blanca ya parecía transparente de lo mojada que estaba.

Monzoia

Estas lluvias me iban a acompañar durante unos cuantos días, aunque yo no lo sabía todavía. Es posible que el monzón traiga lluvia de solo 15 minutos. O puede que no pare durante varias horas, incluso días. Me fui a la cama mirando al cielo, con la esperanza de pedalear tranquilo el día siguiente.

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Llegada a Laos

Los trenes tailandeses son cómodos y es fácil dormir en ellos. Eso sí, es conveniente llevar una sábana-saco donde dormir, y no fijarse demasiado en los recovecos cercanos, ojos que no ven…

Llegué a Nong Khai a primera hora de la mañana. Desde la estación tren a la frontera apenas hay un par de kilómetros. En la cola para salir de Tailandia un tío de Singapur me empezó a hablar sobre el estado de la economía española. “Os gastáis más dinero del que tenéis”. Enfadarme no estaba entre mis planes para empezar esta aventura. Con el ánimo de cambiar de tema le pregunté por la economía en Laos; me remató con un “muy fuerte, el Gobierno de Laos lo está haciendo muy bien”. Le di esquinazo en cuanto pude.

El río Mekong separa a Tailandia y Laos durante miles de kilómetros. Unos pocos puentes hacen competencia a los ferrys. Para cruzar de Nong Khai a Laos hay que atravesar el Friendship Bridge. En teoría circular andando o en bicicleta está prohibido, pero a los policías thai no pareció importarles cuando lo atravesé.

Al llegar al lado laosiano comienza la aventura de conseguir el visado. Primero hay que hacer cola para coger un formulario, después lo rellenas y esperas otra cola para entregarlo, junto a una fotografía de carnet y al importe de tu visado. A la mayoría de los europeos nos corresponde pagar 35 dolares. Es importante llevar dolares. Los euros solo sirven para pagar un tipo de cambio exorbitante. Se me quedó cara de idiota cuando el policía me dijo que eran 40 euros; es decir, pagué 15 dolares más de los que me correspondía. Tal vez, en tu casa, o en el trabajo, pienses que soy tonto. La última vez que chillé a un policía fronterizo laosiano solo sirvió para que se riera de mi.

Este trámite absurdo requiere de una hora, o algo más. Por suerte coincidí con una pareja de mochileros ingleses muy majos. Comenzamos a hablar por la bici, algo que después se convertiría habitual. Les hablé de mis planes y de Vientiane, les recomendé una cafetería llamada JoMa café.

Vientiane está a unos 25 kilómetros de la frontera; la carretera es ancha y está en buenas condiciones. Hubiera sido un buen entrenamiento si no estuviera lloviendo a cantaros. Me sirvió para testear lo impermeables que podían ser mis mochilas. También para probar los frenos de la bici, los laosianos tampoco respetan las normales internacionales del buen conductor que respeta a los ciclistas.

Tenía un par de referencias sobre dónde dormir, un par de sitios donde estuvimos el año anterior. Todo el agua y tierra que llevé conmigo me convenció para ir al hotel más caro, el Vayakorn Guesthouse, en el centro de la ciudad. 140.000 kips parecen ser muchos kips, pero son apenas 14 euros, y un hotel limpio, con su ducha y cama agradables, bien merecen la pena para empezar bien el viaje.

Vayakorn guest house
Después de avisar a la familia que estaba vivo (en todos los miles de kips que pagué también estaba incluido el wifi), me dirigí al JOMA café. Se trata de un lugar para guiris que desea huir de Laos durante un rato, algo parecido a Starbucks, pero en más cool, trendy o lo que sea. El café está bueno y sirven buena comida. Eso sí, no creo que muchos lugareños puedan permitírselo.

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Al entrar en el JoMa me encontré con el inglés de la frontera. Nos tiramos un par de horas hablando. Un tío simpático. Inglés de familia francesa, trabajando en los Dubai y saliendo con una inglesa de familia griega. Me ofrecí para hacerles de guía el día siguiente.

Después me fui a pasear por la orilla del Mekong. La zona ha cambiado mucho en un año; han construido un paseo, jardines y parques infantiles. El dinero chino ayuda a que Laos haga obras de todo tipo. Laos está cambiando rápido, ¡es mejor no esperar demasiado para visitarlo!
Pasealeku berria Mekong ondoan

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Salida de Bangkok en tren y bici

El segundo día en Bangkok se presentaba clave, ya que tenía que comprar la bicicleta y coger el tren hacia Laos. Tal vez fueran los nervios, o el jetlag, pero apenas dormí unas pocas horas. Desayuné con Miren y Eñaut y nos dirigimos hacia la tienda de bicicletas Velo Thailand.

No sé explicar por qué elegí esta tienda para visitarla en primer lugar. Cuando estaba en casa, buscando información en Google, encontré un montón de tiendas de bicicletas, pero esta de Velo Thailand estaba cerca de la zona en donde estaba.

Tras caminar unos 10 minutos desde Khao San llegamos a la tienda. Estaba cerrada. Y en esas nos dimos cuenta de que era domingo. Intentamos comunicarnos con varios thai que andaban por la zona pero resultó imposible, hasta que dimos con uno que sabía algo de inglés y nos dijo que se habría ido a desayunar.

Cuando el tendero volvió, echamos un ojo a las bicis y me decanté por una Trek de fabricación china. Pagué 7500 baht, unos 185 – 190 euros. El tendero quedó en preparar la bici para la tarde y nosotros nos fuimos a comprar el billete del tren a la estación Hualunpong.

Pasamos el resto del día paseando de un lado para otro, esperando la hora de la despedida. Eñaut y Miren subirían al norte, a Chiang Mai, y de allí seguirían subiendo hasta cruzar la frontera con Laos y llegar a Luang Prabang. Por mi parte, iba a coger el tren hasta Nong Khai, en la frontera con Laos, cerca de la capital Vientiane. De allí pedalearía en dirección norte para encontrarme con ellos en Luang Prabang.

Bizikletarekin

Hacia las 16:30 pasé por la tienda y recogí la bicicleta. Enganché las mochilas en la parrilla y fui en bici hasta la estación de tren. Esta idea no fue mía, sino del tendero de Velo Thailand. Pensándolo fríamente, no fue una buena idea. Para cuando salí ya había anochecido y estaba lloviendo. Además, no estaba seguro del camino, tenía algunas pistas y mi sentido de la orientación. Encontré un canal, de los muchos que atraviesan la ciudad y seguí junto a él, hasta que por suerte llegué a la estación.

Al contrario que RENFE los trenes tailandeses no ponen problemas para llevar la bici. Hay que pagar un poco, 90 baht (algo más de 2 euros). Si vas a viajar de noche, es recomendable viajar en segunda, con los tailandeses, en un asiento-cama. Al anochecer el interventor convierte todos los asientos en una cama inferior y otra superior; siendo esta última algo más barata. El billete a Nong Khai en la cama de abajo me costó 758 bahts. No es que sea el Orient Express pero es cómodo y el paisaje es más bonito que el que rodea las autopistas.

Me gusta viajar en tren, también en Tailandia.  Y como no tengo prisa por llegar, prefiero disfrutar algo del viaje.

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Comienza el viaje, llegada a Bangkok

El 29 de julio de 2011 comencé el viaje. En unas 16 horas pasé de estar en Eibar a circular rumbo al centro de Bangkok en un taxi suicida. Ya comenté en su día que elegí un vuelo algo más caro pero con menos escalas.

En el vuelo nos darán un pequeño folleto para rellenar con información personal y del viaje, como la dirección en la que localizarnos en Tailandia; aquí suelo poner la dirección del primer hotel. Nada más bajar del avión en el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok tendremos que esperar para hacer el visado. No hay que pagar nada, solo entregar el pasaporte y el folleto que hemos rellenado en el vuelo.

Es recomendable cambiar algo de dinero, o sacarlo de un cajero. Así podremos pagar el transporte a la ciudad. El cambio en el aeropuerto es más caro que en la ciudad, por lo que no cambies más de 50 euros.

Me consta que hay distintos modos de llegar al centro, pero las tres veces que he llegado lo he hecho en taxi. En taxi oficial. Al seguir los carteles que llevan a los taxis llegarás a un pequeño stand fuera del edificio donde te preguntarán donde vas. Detrás de la fila de taxis oficiales verás a un montón de thais ofreciendo su taxi. Lo más sencillo es pedir que te lleven a la zona de Khao San, zona que atrae a mochileros por la abundancia de hoteles baratos y bares.

El taxi cuesta entre 300-400 bahts y hay que pagar la autopista aparte, otros 75 bahts; el verano pasado el cambio estaba en 40-1, 40 bahts equivalen a 1 euro. Tardarás entre 30 y 60 minutos en llegar a tu destino, en función del tráfico.

Primera noche, primer hotel

No tengo costumbre de reservar hoteles, pero la primera noche es diferente, prefiero ir a tiro hecho. El Hotel Rambutri Village Plaza está situado en la zona de Khao San y permite hacer la reserva por internet. Y es conveniente tener reserva, ya que suele llenarse bastante rápido.

No es que sea una maravilla de hotel. No esperes la típica amabilidad tailandesa, pero está limpio y cuenta con una piscina en la azotea. Y es allí donde había quedado con mi amigo Eñaut. Es divertido decirle a un amigo “nos vemos a las 17:30 del día 30 en la piscina del hotel de Bangkok”.

Pasé la tarde con Eñaut y Miren. Ellos iban a visitar Laos, entrando por el norte de Tailandia, vía Chiang Rai. Por lo que decidí cambiar mi itinerario. Viajaría en tren a Vientiane, la capital de Laos, y de allí subiría hacia Luang Prabang para juntarme con ellos. Y después, ¡ya veríamos!

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Qué llevar de equipaje a un viaje en bici por el sureste asiático

Cuando me puse a organizar las cosas y elegir qué llevar me encontré que había puesto encima de la cama un montón de cosas. Demasiadas. Y cometí el error de llevarme casi todo lo que saqué. Este listado lo hago basándome en lo aprendido. Es el equipaje que haría si volviera de nuevo.

La filosofía de equipaje debe estar clara: cuanto menos peso, mejor. No olvides que tienes que pedalear llevando el equipaje en un clima al que no estás acostumbrado y que son muchos kilómetros. Es mejor llevar menos ropa y lavarla a menudo.

Ten en cuenta que en el camino encontrarás muchos puestos para comprar comida y bebida, y en los destinos turísticos hasta supermercados donde comprar casi de todo.

Para andar en bicicleta

  • Un par de culotes.
  • Una camiseta o mallot de manga larga.
  • Calcetines.
  • Un par de zapatillas.
  • Chubasquero.
  • Guantes de verano.
  • Gafas.
  • Casco.
  • Un candado.
  • Dos cámaras de repuesto.
  • Parches rápidos.
  • Tronchacadenas.
  • Bomba de aire.
  • Lubricante.
  • Dos desmontables.
  • Multi-herramienta.
  • Un bidón.
  • Mapa de carreteras de Laos, Camboya, Vietnam y parte de Tailandia.
  • GPS.

Resto de ropa

  • Un par de pantalones cortos.
  • Dos camisetas.
  • Ropa interior (mejor no especificar la cantidad :-) ).
  • Sandalias.
  • Traje de baño.
  • Una toalla.

Otros útiles

  • Sábana de seda para dormir.
  • Elementos de aseo personal (cepillo y pasta de dientes, champú, jabón, etc.).
  • Protector solar (50+) y after sun.
  • Jabón de mano para hacer la colada.
  • Una cuerda larga para tender la colada.
  • Bridas, imperdibles, etc.
  • Cuchillo multiusos.
  • Guías de viaje.
  • Kindle.
  • Netbook.
  • Teléfono móvil.
  • Adaptador para enchufes del sureste asiático.
  • Papeles del seguro de viaje.

Dónde llevar todo esto

Llevé una mochila de 60 litros, y otra más pequeña, que ataba con unos pulpos a la parrilla. Fue un error. Debería haber llevado unas alforjas. Se ajustan mejor a la parrilla y no se pierde tanto tiempo cada día montando y desmontando las mismas. Además, las alforjas te ayudarán a seleccionar qué llevar y qué dejar en casa. Intenta no pasarte mucho de 10 kilos.

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Miedo

No tengo que hacer mucha memoria para recordar que los días previos a salir de viaje fueron horrorosos. Estaba asustado. Tenía miedo. ¿Cómo se me ocurría viajar solo en bici por el sureste asiático? ¿Qué iba a hacer solo durante cinco semanas por Laos y Camboya?

Se me hizo eterno. Deseaba llegar al aeropuerto y que corriera el tiempo. Quería llegar a Bangkok lo antes posible. Comenzar a pedalear. Y que pasaran los días. Para así, tener más cerca el regreso. Es curioso, antes de empezar ya quería terminar.

No fue así, el tiempo transcurrió despacio. Y yo seguía nervioso, asustado por la soledad que me esperaba. Intentaba mostrarme relajado, quería que mi familia estuviera tranquila. Aparentar que tenía la situación bajo control.

Claro que quería hacer el viaje. Pero antes de empezar ya dudaba de si había hecho bien en elegir hacerlo solo durante cinco semanas.

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Dónde encontrar información para planear el viaje a Laos y Camboya

Ya he comentado que escogí viajar a Laos y Camboya porque lo conocía, pero no como ciclista. Empecé a buscar información para organizar el viaje. No me gusta tener un itinerario exhaustivo y cerrado, pero viene bien para hacerse una idea de las dimensiones del viaje.

Las guías de viaje para turistas son útiles, pero no nos sirven. Aportan información sobre distancias y mapas, pero solo hablan de los destinos turísticos y medianamente grandes. En más de una ocasión dormí en lugares que no aparecían en la sacro santa Lonely Planet. De hecho, Lonely Planet tiene una guía de viaje en bici por el sureste asiático, pero está descatalogada.

Menos mal que no soy el primer loco que quiere andar en bici allí y que lo cuenta. Unas búsquedas simples en Google te ayudarán a encontrar a otros ciclistas que han pedaleado allí. Sirva de ejemplo este comentario en el foro de Lonely Planet (otra vez LP!) de un ciclista que bajó desde la capital de Laos hasta la frontera sur siguiendo el Mekong.

No sé qué pensar sobre estos foros, ya que encuentras historias que pueden llegar a asustarte. Gente que ha tenido accidentes de autobús, les han robado algo o timos en cajeros automáticos. Asustan un poco. Puedo certificar que no me ha pasado nada por el estilo.

Otra fuente interesante es Mr. Pumpy, que ha viajado en bici por varios países de Asia. Te animo a leer la crónica de Camboya, no te asustes ya que está bastante anticuada. Es un indicativo de cómo están cambiando la región.

Para terminar, no podemos olvidar a Biciclown, un campeón en esto de viajar en bicicleta por el mundo. Aquí puedes leer sus crónicas de Laos y Camboya.

Eso sí, un consejo. No te obsesiones con el plan. Por mucho que programes cada día, siempre sucederá algo que te fastidiará los planes, siempre, a mi me pasó más de una vez. Está bien tener una idea del itinerario, pero el viaje no consiste en seguir al pie de la letra una ruta pre-establecida en un tiempo concreto. Viajar es disfrutar del entorno, de la gente y de pedalear.

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